Regreso a Barna con la sensación de haberle extraído la masa encefálica, como si de una gamba se tratara, al festival de Documenta Madrid. Debo haber visto unos 40 documentales, entre cortos, medios y largos y me he perdido los restantes 200. Hagámonos una idea de la envergadura de la programación cuya guía tiene más de 550 páginas. Un proyecto mastodóntico... me gusta esa palabra, mastodóntico, mastodóntico.
En el evento estaba la concurrencia de participantes más ''profesional'' de entre los pocos que he visitado. La gente hablaba de ventas televisivas al canal ARTE, Zdf, de Mercadocs y de cosas que nos hacían sentir un poco como gamba fuera del charco. Esto estaba alejado del ambiente estudiantil de los cortometrajistas en Zinebi o los artistas, más o menos consagrados, de Las Palmas. Es un festival donde acude gente que quiere vivir de hacer documentales para la televisión, y no solo de subvenciones de instituciones, del gobierno de turno o de premios. Y todo esto sin despreciar la calidad pero sí se hecha de menos cierto experimentalismo hacia nuevas formas de contar las cosas, reducto, a veces, de los cortometrajistas potencialmente en el paro o profesores con sueldo aparte.
A título personal (qué diablos significará: a título personal) me interesaron Viaje en Sol Mayor de Georgi Lazarevski, un documental que es una sonrisa, la de su abuelo viajando por Marruecos tras esperar 40 años y La Aldea Perdida, de Manuel Jiménez, cuyos increíbles primeros minutos se parecen más a Encuentros en la Tercera Fase. El trabajo de Jiménez contiene uno de los planos más hipnóticos de los que recuerdo en un documental: casi en la oscuridad y entre la polvareda alguien alza una botella de plástico para llevársela a la boca, la cámara recoge este momento en contrapicado y a contraluz, seguidamente vuelva a beber y al mismo tiempo la cámara se aleja ampliando el plano, enfatizando el contraste y otorgándole a la escena una plasticidad que me recuerda a Apichatpong Weerasethakul. Y en el top 3 no me puedo dejar la wisemaniana película Ears, Open, Eyeballs, click donde se cuentan las aventuras de unos cadetes en la academia militar americana. Sales de la proyección respondiendo a gritos ''Sí, señor'' a cualquiera que se te acerque.
Un recuerdo especial a la organización del festival, a Cristina, Marta, Sandra o Gonzalo que me tuvieron de okupa más de lo que merecía. Si me dejan, algún día me gustaría volver.
(Mañana comienzo a colgar las fotos)
En el evento estaba la concurrencia de participantes más ''profesional'' de entre los pocos que he visitado. La gente hablaba de ventas televisivas al canal ARTE, Zdf, de Mercadocs y de cosas que nos hacían sentir un poco como gamba fuera del charco. Esto estaba alejado del ambiente estudiantil de los cortometrajistas en Zinebi o los artistas, más o menos consagrados, de Las Palmas. Es un festival donde acude gente que quiere vivir de hacer documentales para la televisión, y no solo de subvenciones de instituciones, del gobierno de turno o de premios. Y todo esto sin despreciar la calidad pero sí se hecha de menos cierto experimentalismo hacia nuevas formas de contar las cosas, reducto, a veces, de los cortometrajistas potencialmente en el paro o profesores con sueldo aparte.
A título personal (qué diablos significará: a título personal) me interesaron Viaje en Sol Mayor de Georgi Lazarevski, un documental que es una sonrisa, la de su abuelo viajando por Marruecos tras esperar 40 años y La Aldea Perdida, de Manuel Jiménez, cuyos increíbles primeros minutos se parecen más a Encuentros en la Tercera Fase. El trabajo de Jiménez contiene uno de los planos más hipnóticos de los que recuerdo en un documental: casi en la oscuridad y entre la polvareda alguien alza una botella de plástico para llevársela a la boca, la cámara recoge este momento en contrapicado y a contraluz, seguidamente vuelva a beber y al mismo tiempo la cámara se aleja ampliando el plano, enfatizando el contraste y otorgándole a la escena una plasticidad que me recuerda a Apichatpong Weerasethakul. Y en el top 3 no me puedo dejar la wisemaniana película Ears, Open, Eyeballs, click donde se cuentan las aventuras de unos cadetes en la academia militar americana. Sales de la proyección respondiendo a gritos ''Sí, señor'' a cualquiera que se te acerque.
Un recuerdo especial a la organización del festival, a Cristina, Marta, Sandra o Gonzalo que me tuvieron de okupa más de lo que merecía. Si me dejan, algún día me gustaría volver.
(Mañana comienzo a colgar las fotos)
2 comentarios:
Holas Jorge, como ya te prometí me metería en tu wes a "golizniar" como dicen los de mi tierra, y me encanta. Muy chulas las fotos y tus escritos del blog, espero que no veamos proximamente en otro festi - lo que sea y si es en mi las palmas querida, pos mejó. Un saludo a Barcelonaaaaaaaaaaa¡¡¡¡¡
Holaaaa Edel. Pues muchas gracias por pasarte por aquí. Al menos alguien me lee. Buah, me encantaría ir a Las Palmas. Os tengo que enviar un mail a tí y a Manuel con una foto que está muy guapa.
Un besito.
Publicar un comentario