
Querida Trini, a primera hora de la mañana estábamos todos en pié con destino a Mostar. No está muy lejos de Siroki, el lugar donde se celebra el festival, se llega en veinte minutos con coche por una carretera llena de curvas. Mientras conducía, Martina nos contó que no tenía novio pero no nos precisó las razones porque eran ‘muy largas para lo corto que resultaba el viaje’. La capital oficiosa de Herzegovina se sitúa en el corazón de un valle bordeado por montañas, algo que sorprendió a Halil, uno de los dos israelitas invitados también por el festival. En su país acostumbran a construir en las cumbres para poder estar mejor comunicados ante un eventual asedio. Aparcamos al lado de la Iglesia Franciscana y caminamos un poco hasta llegar al famoso puente de Mostar* sobre el río Neretva. De hecho el nombre de la ciudad, como me indicaron, viene a significar en bosnio-croata ‘aquel que guarda el puente’. Después de pasear por los típicos lugares de la parte antigua consagrados al turisteo, cruzamos otro puente menos popular que nos llevaba a la zona conocida como el Boulevard. En tiempos de guerra era la imaginaria línea fronteriza entre ambos bandos y donde la batalla fue más acentuada a tenor de la cantidad de edificios afectados. Era inquietante la fascinación que provocaba la extraña belleza de aquel lugar en ruinas. Me quedé registrando pacientemente con mi cámara mientras los otros caminaban por delante. Quizá lo que me turbaba era que nunca había visto tanta destrucción alineada, perfectamente asimilada por la naturaleza, los carteles publicitarios y los edificios colindantes que bien habían sido rehabilitados o simplemente no les alcanzó el fuego enemigo. Desconozco si esta distribución obedecía a la política de reconstrucción del gabinete de turismo de la ciudad - si es que existe como tal- o simplemente a los caprichosos proyectiles de mortero y metralla durante el conflicto bélico pero la verdad es que toda aquella devastación me hacía pensar en algunas secuencias de Germania Anno Zero de Rossellini. Uno de los que más me llamó la atención (y que seguro me serviría para la idea que tenía de grabar en Sarajevo los parches optimistas) fue un tiroteado edificio musulman con cierto aire a la Plaza de Toros de las Ventas de Madrid. Estaba situado en la renombrada plaza de España y tenía colocadas en su fachada superior, entre boquetes, unas bombillas que ponía feliz 2007. De repente comencé a sentirme culpable por haber comprado en el casco antiguo un bolígrafo hecho con dos balas de fusil kalashnikov. Este sentimiento fue en aumento ante las miradas reprobatorias de Halil y Mordi, los israelitas: ‘’Nosotros tenemos muchas de esas’’, dejaron caer. Ya me había convertido en un practicante más de algo parecido al turismo gore y me iba de Mostar con la sensación de no haberme enterado de nada sobre la vida diaria de esta ciudad de más de cien mil habitantes.
Nuestro compromiso de las doce del mediodía consistía en visitar un depósito de vinos e ir a conocer dos burros muy simpáticos. Al igual que en España estos animales están en peligro de extinción. La gente del festival parecía de lo más divertida con los dos equinos que presupongo eran pareja. El periodista que cubría el festival le hizo una entrevista y Vava, el traductor oficial para las ceremonias y presentaciones, le trasladaba sus impresiones desde el idioma de los burros al bosnio croata. El lugar también era un restaurante donde nos sirvieron diversas especialidades herzegovinas. Pasamos un montón de frío, yo pensaba que iba a hacer mucho más calor por aquí. Tomislav nos aseguró que en los días anteriores había temperaturas de hasta 35º pero la verdad es que nosotros nos congelábamos. Gonzalo, el director de Mimoune, y yo coincidimos como compañeros de mesa, junto a otros invitados más. Nos habíamos conocido antes gracias a una amiga común. Conversando, me comentó que cuanto más aprendía más le costaba filmar ya que andaba todo el tiempo pensando en las razones de grabar una cosa u otra y donde colocarla en el montaje final. Yo le respondí que me ocurría lo mismo y me vino a la mente una conversación que tuve con otro amigo donde éste reivindicaba la inocencia de la mirada, una expresión un poco rimbombante pero que viene a defender una forma despreocupada de ver y registrar, sin llegar a ser ingenua pero sí menos calculada, neurótica, medida, quizá más libre. En definitiva, dejarse llevar aunque esto tiene un riesgo: olvidarte de cómo contar las cosas.
A media tarde asistimos a las proyecciones de los documentales. Entre otros estaba el corto de Mimoune, una correspondencia en video entre un padre desplazado para trabajar en España y su familia que le aguarda en Marruecos. Cada minuto que pasaba me iba atrapando más la espontaneidad de los mensajes que se cruzaba la familia, quedándome con ganas de que aquello durara casi como un largo. Durante la cena el director del festival, Tomislav, nos abordó para volvernos a preguntar si alguno de los españoles estaba disponible para ir mañana al aeropuerto de Split a recoger a una invitada que se sentía un poquito insegura al no dominar el inglés. A nosotros nos daba bastante palo, si al menos fuera para ir a Sarajevo…, sin embargo al final de la noche cedí si salíamos unas horas antes para poder visitar la ciudad de Split y así el trayecto no se quedaría solo en un desplazamiento de ida y vuelta desde Siroki al aeropuerto. A Tomislav le pareció bien la oferta y accedió. El coche lo conduciría Miro, el que me había traído del aeropuerto de Sarajevo y con el que me entiendo tan bien aunque él no hable inglés.
Y esto es todo por hoy Trini, ya te contaré lo de mañana que casi promete más por mi compañero de viaje que por el trayecto en sí.

* Al comienzo del conflicto bélico en la ciudad, croatas y musulmanes se aliaron para expulsar a los serbios, pero una vez conseguido este objetivo, se declaró una nueva lucha entre musulmanes y croatas por tomar el poder de la ciudad. Durante la guerra, este puente fue destruido, derrumbándose así todo un símbolo de la convivencia entre culturas aunque en el 2004 fue rehabilitado. Fuente: Wikipedia.





