jueves, 13 de septiembre de 2007

DÍA 1: Aterrizaje.

Querida Trini, te escribo desde el hotel de Široki. Sí, por fin llegué a esta pequeña ciudad y lo hice aterrizando en Sarajevo a la hora prevista acabando con mi mala suerte del día anterior. A mi llegada me esperaba Martina, una interesante joven rubia con aparato en los dientes que trabaja en el festival recogiendo a los invitados y Miro el conductor que solo habla croata pero que se hace entender muy bien. Cuando llegué me dijo ‘¿Split? ¿Sarajevo?, Sarajevo – Split’. Hacía referencia al baile por todo el país al que los había sometido el día anterior a causa de los continuos cambios de hora y lugar de llegada. Habían hecho dos viajes, uno a la ciudad de Split por la mañana, otro por la tarde a Sarajevo, ambos infructuosos. Desconozco a qué altura se encontraban del camino cuando les llamé para avisarles de los cambios de planes, pero me hago a la idea de que ya habían salido de casa. Raudo y veloz les pregunté si podíamos dar una vuelta por Sarajevo, la capital, una ciudad de mayoría musulmana, pero me dijeron que no, que había retraso, así que lo dejaríamos para una mejor ocasión. Una lástima, la ciudad me despertaba una gran curiosidad. Poder recorrer lugares como la biblioteca de Sarajevo, el barrio de Grbavica que los radicales serbios quemaron antes de entregarlos a los bosnios musulmanes o el mítico hotel Holiday Inn, residencia de periodistas durante la guerra cuyo modus vivendi tan bien describe Pérez – Reverte en su libro ''Territorio Comanche''. Me habría gustado grabar un pequeño video de aquellos lugares que continúan desolados pero cuya huella de lo que había pasado trataba de borrarse con detalles. De esos pequeños parches habría ido el video que tenía en mente. No se trataba de registrar la destrucción si no todo lo contrario, la aparente y dificultosa reconstrucción por gente que quiere tirar para adelante. Lo dejaremos para otra ocasión.

El viaje transcurrió por serpenteantes carreteras que bordean el río Neretva. El paisaje era sugestivo e inquietante, con sus mezquitas asomando entre los bosques y sus pequeños cementerios musulmanes a los pies del camino. El trayecto pese a ser de casi dos horas y media se me hizo corto repasando la actualidad de la liga de primera y segunda división española de la que Miro es un gran aficionado. Nunca me ha gustado el balompié. Siempre digo que no sigo el fútbol, si no que el fútbol es el que me sigue a mí. Pasamos por Jablanica, una ciudad a 80 km de Sarajevo que fue asediada por los serbios, y donde las tropas españolas consiguieron entrar para poder abastecer de alimentos a la sufrida población bosnio musulmana. Comieron gracias a ellos. Poco a poco las mezquitas fueron dejando paso a las iglesias, para mí más reconocibles y por tanto desprovistas del valor evocativo de las anteriores. Nos adentrábamos en la región de Herzegovina que es donde está situado Široki cuyo 99% de habitantes son croatas católicos. Cuando llegamos lo primero en lo que me hicieron reparar fue en el estadio del NK Široki Brijeg, uno de los equipos más fuertes del país. ‘El Siroki mestalla, el siroki mestalla’ se entusiasmaba Miro (el Mestalla es el campo de fútbol del Valencia). Pienso que con este tío va a ser con el que mejor me voy a entender. ‘’A mangiare, a mangiare’’, mi nuevo amigo aseguraba dominar el italiano, el inglés y el alemán. Comimos en el restaurante del tío de Martina, la chica que había venido a recogerme, una estudiante de computación en la Universidad de Zagreb. Le dije que en España una chica que estudiaba ‘ordenadores’ era poco frecuente, y me dijo que allí también, pero me contestó que chicos que estudiaban psicología, como había sido mi caso, también era minoritario por lo que quedábamos en empate. Durante la comida llegamos a la conclusión de que no nos gustaba Freud y tampoco el sistema operativo Windows aunque lo recomendé que al menos fuera una vez en la vida al psicoanalista, como si se tratara de peregrinar una vez a la Meca, todos deberíamos en algún momento al psicoanalista - no al psicólogo -, por curiosidad, nada más. Me dijo que se lo pensaría. Luego me llevaron al hotel que acababa de abrir y nosotros teníamos el honor de ser los primero huéspedes. Dejé todas mis cosas y me fui para el hall del hotel. Me quedé un rato con Martina, Miro e Ivana que es la encargada de las relaciones públicas.

Nada más salir del hotel me crucé con dos hombres vestidos con atuendo militar. Sus caras me parecieron de españoles así que les abordé un poco bruscamente y les dije: - Hola, - Coño ¿qué haces tú por aquí?, me contestaron - ¿Y vosotros? les espeté yo. Resulta que todos íbamos al mismo sitio, a la presentación del festival, ellos también habían sido invitados. Caminamos cinco minutos desde el hotel y aparecí en el cine flanqueado por dos militares más grandes y más cachas que yo. Allí me encontré con Manuel, el director de La Aldea Maldita, con su novia Edel y a Gonzalo, el director de Mimoune. También habían sido invitados al festival. El capitán Iñigo nos explicó que su trabajo era de carácter civil, consistía en mediar entre las fricciones que pudieran surgir entra las dos comunidades de la zona: la bosnio - musulmana y la croata católica. La verdad es que me pareció un trabajo muy interesante: actuaban en equipos de seis y se ayudaban de dos intérpretes, cada una perteneciente a una de las dos etnias, y así era mucho más fácil mediar. En definitiva, se ocupaban de tareas de enlace y observación. La charla que teníamos era fuera del edificio, en la calle. Era un centro cívico donde debían organizarse otras cosas fuera del período del festival. De apariencia sencilla, la parte superior de su fachada estaba pintada a cuadros rojos y blancos, como la bandera de Croacia, aunque este pueblo pertenezca a Bosnia – Herzegovina. Por fin me encontré con Tomislav Topić, el artífice de todo esto, el boss, el tipo que se le ocurrió hace ocho años organizar un pequeño festival en medio de un país en plena reconstrucción económica y sentimental. Un tipo consciente de hasta donde puede llegar. ‘’Algo tenía que hacer para que mi ciudad saliera de la rutina al menos por unos pocos días’’ me comentó. Y allí estábamos cuatro españoles, dos miembros del ejército y un montón de Herzegovinos ansiosos por entrar a la sala. La peli de Manuel abría la sección a competición. La debo haber visto unas cuatro veces, pero ésta última vez saboreé mejor su montaje calculado y su sosegada voz en off que contrasta cuando ves a los mismos personajes lanzándose en plan kamikaze contra la virgen del Rocío, en Almonte. De eso, y otras muchas cosas más, es de lo que va el docu. La cena que fue en el restaurante del hotel resultó de lo más amena con una variedad increíble de platos. Allí me presentó Tomislav a su padre, un ferviente seguidor del Barça porque era un equipo católico. Yo le dije que no era más católico que otros equipos de la liga española, pero debe ser la leyenda urbana que hay en el lugar. La banda musical de veteranos tocaba alegremente pasodobles como ¡Qué viva España! y nosotros comenzamos a sentirnos como en casa. Martina nos abordó y nos dijo que mañana a las 9 am todos debemos estar en pie si deseamos visitar Mostar. Tenía que ser a esa hora porque luego a las 12 teníamos otro compromiso. Así que después de esa noticia me he subido a la habitación del hotel desde donde te escribo. Aquí sí que tienen mando a distancia y echan culebrones subtitulados en el idioma del lugar. Parece que son la nueva moda. A ver si descubro como se dice ''Oye, mi amor'', en croata.

Afectuosamente,

Jorge

P.D. En la postal de hoy te pongo al grupo de veteranos.

Aclaración geográfica de la wikipedia: El país está dividido en tres grupos étnicos marcados por la religión que profesan: el 44% de los bosnios son musulmanes eslavos, el 32% serbios cristiano-ortodoxos y el 17% croatas católicos. Cada uno tiene su zona predominante, en el norte la mayoría son serbobosnios y su capital es Banja Luka, (su autonomía se la conoce como República Sprska), el centro es de mayoría bosnio musulmana, (la región de Bosnia), y el norte es para los bosnio croatas, (la conocida como Herzegovina), éstas dos últimas forman, a su vez, la Federación de Bosnia y Herzegovina.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy elocuente y entretenida ...
tu unica espectadora!

Anónimo dijo...

aqui hay otro lector murciano...

Enhorabuena a tí también por la selección en Docu days...


Gonzalo